13 enero, 2008

La ciudad muerta.

Del frío que tenía en mis manos no recuerdo la sensación que me produjo el acariciar el muro. Recuerdo perfectamente la sensación que me produjo el acariciar los zapatos acartonados de Majdanek. Pero lo del muro no lo recuerdo. Tres metros y quince centímetros de alto, coronado con alambre de espino. Un emperador con bigote con ansias de exterminar al inferior. Todo un mundo que calla y se cruza de brazos ante la barbarie. Los banqueros judíos en América, con influencia en la política del imperialismo estadounidense, también formaron parte de aquel mundo que negó la evidencia. Milésimas de segundo para acabar con toda una vida. Tres, cuatro años, para exterminar a casi cuatrocientas mil personas de la romántica Varsovia. Y yo sin recordar lo que sentí al acariciar el muro. Y detrás del muro, el centro financiero de Varsovia con sus radiantes y modernos edificios. De la dictadura militar a la dictadura del consumo. Ya les llegará el derroche y el sinsentido cobijados bajo las nuevas catedrales del siglo XXI.

Y detrás del trozo de muro recuperado con fondos europeos, más muros. El mismo mundo de siempre que calla y se recrea en la barbarie. Guantánamo y el Sáhara. Los Estados Unidos y Marruecos cercan a su enemigo. El mundo y España callan y miran para otro lado; Si antes les exterminaron a ellos, ahora ellos son los que exterminan: los Estados Unidos y el mundo les regaló un estado al que llaman Israel, un estado terrorista y sanguinario. El mundo y España callan y miran para otro lado. Incluso España se frota las manos. Nunca está mal colocar una buena partida de bombas de racimo; España bajo la hipnosis de los Estados Unidos ocupa Irak y participa en la masacre. El mundo no mira para otro lado. El mundo participa activamente en la orgía de sangre y de negocios asquerosos. España derriba el muro de Irak y pasa a ocupar el Líbano. Pero ahora nos cuentan que están en misión de paz. En realidad, lo que están haciendo es apuntar a los sometidos con pistolas y escopetas fabricadas en casa. Y la España y su doble moral tiemblan y miran al cielo cuando el inhibidor de frecuencia no funciona y se esparce sangre española por tierras ocupadas. Pero no pasa nada. El mundo está con España y el trozo de muro que cercó Varsovia, al que ahora dudo haber acariciado en realidad, se extiende por el mundo. Y no es que se extienda. Es que nunca fue derribado. Y me siento cómplice de toda la barbarie. Una casi inexistente parte del salario de los mezquinos eurodiputados sale del mío. Y allí miran para otro lado. E incluso estos sinvergüenzas harán turismo en Varsovia. Se quitarán su guante de piel y con la yema caliente de sus dedos acariciarán el muro para rememorar la barbarie pasada. E incluso se les ocurrirá buscar alguna partida económica más para recuperar un nuevo trozo del muro del gueto. En cuanto a la barbarie y al exterminio presente, ahogarán la evidencia brindando con cualquier brebaje de esos que convierten a los gobernantes del mundo en unos asesinos despiadados y sin escrúpulos.

El muro crece día a día.

3 comentarios:

esteff dijo...

Solo puedo darle las gracias por poner mi blog en su lista, desconozco que le ha podido llevar a hacerlo pero supongo que algo debo estar haciendo bien o tan solo es como un cariño de minero gonzalero a minera gonzalera :D. Se ha ganado que deje de llamarle de usted, aunque no lo hacía porque pensase que fuera mayor, sino como muestra de respeto, pero si le hace sentir así, dejaré de hacerlo.
*Un Saludo!

mamensa dijo...

El otro día vi la entrada y no la entendía del todo, después de tener conocimiento de tu viaje lo entiendo todo.

José Tato González dijo...

Un texto prodigioso, tanto por lo que cuentas, como por cómo lo cuentas. El muro crece cada día y, por desgracia, no es el de Pachi en la Plaza Marrón.