18 diciembre, 2007

El Pulso

De pequeño nunca me gustó echar un pulso. Nunca me gustaron esos juegos. Además me daba miedo hacerme daño, ya que, el que tenía la iniciativa de echar un pulso era el amigo más bruto. Él siempre decía que no. Pero todos sabíamos que se ayudaba de la mesa para hacer fuerza. En el fondo no era tan fuerte.

Siempre he evitado el enfrentamiento. Sobre todo el enfrentamiento físico. El otro día me cruzaba con Vicente. Me sigue pareciendo muy feo. Pero ya no me da miedo. Cuando era pequeño le tenía pánico. Vicente tenía un ojo de cristal y un día me dio unas cuantas hostias. Estábamos jugando a fútbol al lado del colegio. De repente apareció Vicente y comenzó a meterse con nosotros. Nadie le decía nada. Todo el mundo le tenía miedo. Esa tarde la tomó conmigo. Comenzó a insultarme. Yo no respondía. Entonces pasó a las hostias. Yo no respondía. Él, con toda su fealdad y su ojo de cristal, se reía y disfrutaba. Yo temblaba y lloraba. Cuando Vicente se marchó nadie comentó nada.

A “Rafita”, un niño bastante más pequeño que mis amigos y yo, también le teníamos mucho miedo. Un día le calentó a mi primo Ismael. En cuanto “Rafita” aparecía, todo el mundo callaba. Pedía tabaco y se lo dábamos. Y si quería diversión, pobre del chico con el que jugase.

Sigue sin gustarme echar pulsos. Sigue sin gustarme pelearme. Aunque el otro día, cuando me crucé con el del ojo de cristal, me imaginé dándole una buena hostia en la cara. Como aquellas que él me dio aquella tarde mientras mis amigos miraban para otro lado. Supongo que es lo que suelen imaginar los perdedores cuando todo ha pasado.

Lo que sí me gusta es que los demás echen pulsos. Me gusta observar. Ahora en Aldea Moret están echando un pulso la AA.VV. Santa Lucía y el Ayuntamiento de Cáceres. La primera se quiere adueñar de un espacio público que pertenece a la ciudad de Cáceres. El segundo tiene miedo. Como tiene miedo, está mirando para otro lado. Y las hostias se las está llevando. Han pasado diez años. Durante mucho tiempo el anterior equipo de gobierno ha trabajado muy bien con las asociaciones. Hay asociaciones fieles dispuestas a echar un pulso antes de perder poder. El nuevo equipo de gobierno tiene miedo. Acepta echar el pulso pero no quiere dar la cara para acabar con todas las asociaciones de poca monta que se adueñan de los espacios públicos.

El Ayuntamiento de Cáceres se juega la credibilidad. Simplemente ha de jugar limpio. Esto último es lo que me preocupa. Tienen que demostrar que quieren romper con todo el baboseo que, en general, hay ahora mismo con las asociaciones. De momento el pulso que está echando, lo está perdiendo.

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