10 febrero, 2007

"Liderazgos en Aldea Moret"

Cuando en una asociación se llega a una conclusión, casi unánime, en la que se define como principal representante del grupo al presidente, cuando esto sucede, es porque algo puede mejorar en el seno de dicho grupo.
Presidente, VicePresidente, Secretario y Tesorero, son palabras anacrónicas que pesan como una losa en las asociaciones de Aldea Moret. Las asociaciones de Aldea Moret siempre han tenido la mala costumbre de adorar a un presidente y éste siempre ha recogido de alguna manera lo bueno pero también lo malo. Y lo malo, suele ser malísimo: cuando el presidente no responde a las expectativas de la junta directiva (esta es otra palabra que detesto), ésta, lo echa y hace circular por el barrio la leyenda negra de la persona derrocada. En este sentido, la Plataforma Vecinal “Aldea Moret” fue muy avanzada en sus planteamientos. Una vez vista la necesidad de formalizar la plataforma, en sus estatutos nunca apareció la palabra presidente o vicepresidente. En lugar de estas palabras, se incluyeron portavoz y viceportavoz. Ya no había que seguir las directrices de un presidente o de un vicepresidente. Aún así se dieron las críticas cuando llegó el momento de los cambios. La diferencia: no había que criticar a un presidente. Las críticas se repartían y a todo el mundo le tocó algo, lo cual es lógico, ya que todos nos equivocamos. Desde un principio se supo delegar y repartir tareas. Era un trabajo, con sus aciertos y errores, horizontal.
Observando lo que ocurre en el resto de la ciudad, nos encontramos con lo siguiente: Plataforma Ciudadana En Defensa de la Ribera del Marco: sin estatutos, desde sus inicios han contado con un portavoz; Foro Social de Cáceres “Otro Mundo Es Posible”: se decidió formalizar el foro, se elaboraron unos estatutos que todavía no están registrados. En el momento de la cumplimentación de los estatutos, nadie quería ocupar los cargos. Una vez cubiertos, a día de hoy, no se sabe quién los ocupa. El foro social nunca ha recibido una subvención y lleva ya una década trabajando en Cáceres (los estatutos sirven para pedir subvenciones, a parte de eso, para poco más); Asamblea Popular Vivienda Digna-Cáceres: no hay estatutos y sí, varios portavoces que van rotando; Coordinadora Ciudadana Por la Libertad de Expresión: siempre se ha caracterizado por el reparto de tareas y sólo en su primera etapa, tuvo varios portavoces.
Generalmente, en Aldea Moret, las personas que “más trabajan” (todas las personas por muy pequeña que parezca su implicación son fundamentales en un grupo social) y “más se implican” suelen ser las personas que ostentan alguno de los cargos (presidente, vicepresidente, secretario…). Esta implicación y ganas de trabajar, prácticamente se te impone y te la impones desde el día en que decides ocupar alguno de los cargos mencionados. En Aldea Moret existe una necesidad de tener a una persona al frente de la asociación. Si se te ocurre levantar la mano el día de reparto de los cargos, desde ese día, tendrás que cubrir las expectativas que todos han depositado en ti. Hay cierta necesidad de poner a la cabeza a una persona concreta. Ésta suele ser el presidente. Y se supone, no sé porqué, que el presidente debe ser el principal representante de la asociación. Pero no es tan sencillo el mundo de los liderazgos. A veces se dan casos en el que dos o tres personas son las que hacen y deshacen, es decir, que llevan el ritmo de la asociación. Al cabo de dos años, te puedes encontrar que la prensa está saturada. Tú cara ha salido tantas veces que la prensa lo centra todo en ti. Para los periodistas es más fácil tener a un único interlocutor que a varios. En el fondo la prensa se alimenta de la realidad: buscan a una persona, a aquella persona que ostenta el “preciado” cargo de presidente. La prensa, en general, tampoco entiende que lo importante en el movimiento social no son ni los presidentes ni los secretarios, sino el grupo de personas que, de manera anónima, luchan por el barrio.
Es necesario ser consciente de los problemas que acarrean los liderazgos. En el fondo el problema no está en las palabras y sí, cuando nos escudamos en ellas para limitar nuestro compromiso (“eso es cosa del principal responsable”) o para extralimitarnos en nuestras “funciones” (“hacer una asociación a mi imagen y semejanza que para eso tengo un cargo importante”). De esto se deduce que nuestros roles tiene que ser estrictamente funcionales y no jerárquicos ni de mando.
Teniendo siendo presente que somos un grupo y que trabajamos de manera horizontal, debemos trabajar de manera horizontal, creyendo en las personas del grupo, en sus capacidades.
Teniendo presente que lo nuestro es acción social y no hacemos política. El mundo de la política no es un buen ejemplo ni referente para nuestro trabajo horizontal (la política está llena de palabras malsonantes: disciplina de partido; presidente...). Podemos ser amigos de concejales y políticos en la calle. Podemos tener más o menos simpatía con personas concretas de la política. Pero a la hora de actuar, cada uno tiene que hacerlo por su cuenta. Es la única manera de preservar nuestra independencia. La lucha social y la política (la que se hace, por ejemplo, en los plenos de espalda a los ciudadanos) son incompatibles.
Teniendo presente que nuestro lugar está en la calle y que sólo, un grupo unido y motivado y que se crea lo que hace, podrá seguir avanzando y obteniendo logros. (tenemos que creer en nuestra conciencia de grupo en el que todos tenemos que ser capaces de echarnos la mano unos a otros).
Teniendo en cuenta todo esto, el liderazgo es algo que no nos debería preocupar. Y menos, esas palabras dignas del trabajo vertical que caracterizan a las organizaciones políticas.

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