14 septiembre, 2006

"Pequeña Resistencia Local de Aldea Moret".

Desde hace unos días tengo un horrible malestar. No me encuentro bien. Sé que es transitorio, que todo forma parte del aprendizaje social. El malestar empieza cuando descubro que las “Pequeñas Resistencias Locales”, para resistir, siempre deberán ser pequeñas, minoritarias. De lo contrario, un mal día, la “Pequeña, ya grande, Grande Resistencia Local” empezará a pensar y a sentir como los asquerosos censores que intentan minar nuestras fuerzas para que abandonemos nuestra lucha social. Se repite, por lo tanto, la misma historia de siempre. La misma injusticia de siempre. Cuando el “Poder” siente que puedes ser una amenaza, te deja afónico a base de chantajes, de presiones, de difamación. Para ello pone en marcha toda la maquinaria caciquil, de la que Extremadura parece ser que no se librará en la vida. Le toca el turno a Aldea Moret. Un buen día, un día primaveral de un mes de noviembre, alzamos nuestra voz contra la injusticia de los que intentan guiar el destino del barrio. El “Poder” no nos presta atención. Introducimos al barrio obrero de Aldea Moret en la red del movimiento social cacereño y extremeño. Por el barrio pasan gente que enriquecen la vida del barrio, que aportan sabiduría nueva, que aportan nuevas formas de autoorganización y resistencia social. El barrio respira aires de libertad y las “izquierdas” inundan las paredes de nuestro barrio. El “Poder” comienza a prestarnos un poco de atención. Al cabo de un año, ya podemos hablar de “Pequeña Resistencia Local de Aldea Moret”. El grupo se ha consolidado y cree en la “reconstrucción” de un barrio a través de una base social forjada en la dignidad y en el respeto al compañero y a la compañera. Nos dejan respirar porque todavía no les hemos tocado el dinero.En estos momentos, el grupo padece las crisis de manera individual. Cada cual se va acercando a la verdad de manera individual, con mucho egoísmo, sin querer compartir el “descubrimiento del lado oscuro” de la política caciquil que reina en Aldea Moret.Una noche sueño que mientras no le toquemos el dinero, nos dejarán tranquilos. Al despertar, al cabo de dos años en “La Pequeña Resistencia Local de Aldea Moret”, reconozco que mientras no les toquemos los “cojones” (dinero) nos dejarán tranquilos. Se me viene el mundo encima. Investigaciones personales para ver si tengo mi casa de protección oficial en regla (por pedir la dimisión de un consejero); traiciones de compañeros a los que tenía mucho respeto; campaña difamadora contra la “Pequeña Resistencia Local de Aldea Moret” por hacerle frente a la Administración. La atención hacia nuestro grupo resistente es total. Nos conocen en cada rincón del barrio, en cada rincón de la ciudad: nos conocen los inspectores de policía, nos amenazan con multas de hasta treinta mil euros a las personas que sobresalimos (no por inteligencia ni méritos) sino por ser las personas que más aparecemos en la foto. Todo el mundo en el barrio nos da de lado: la Administración porque les hemos tocado el fajo de billete y gran parte de las asociaciones vecinales porque piensan como ellos. Ruptura radical entre el sector independiente y el sector más conservador de la Aldea. El desánimo continúa. Son sentimientos y certezas. Son fracasos y descubrimientos. Son revelaciones que siempre han estado ahí y nunca las quise ver. Podremos activar la disidencia desde la independencia, la sinceridad, la dignidad y la minoría. Y el diálogo que sea nuestro diálogo. Sin retórica, sin demagogia, sin cátedra. Desde la calle porque cada metro cuadrado es nuestro. Y dirán que somos pocos (y ellos no entienden que deseamos ser siempre una minoría). Nuestra grandeza no está en el número elevado. Nuestra grandeza está en Nuestra Convicción. Y la censura ha hecho que nuestras convicciones sean tan resistentes como el acero o como el hormigón.

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