27 julio, 2016

El Rajoy al que hasta yo no tendría que apoyar.


Cuando, de causalidad, llegó a mis manos la Carta del director firmada por Pedro J. Ramírez -El Rajoy al que hasta yo tendría que apoyar-, lo primero que pensé fue: ¡hasta en la ficción estamos perdiendo la ambición! -también he de decir que unas personas más que otras-.

Lo primero que me llamó la atención de la carta fue lo siguiente:

“Segundo: un proyecto de reforma tributaria encaminado a impulsar la economía y corregir las desigualdades sin esquilmar a la clase media asalariada, pero convirtiendo la lucha contra el fraude en un objetivo nacional”.

¿Acaso es posible corregir las desigualdades sin cuestionar de dónde procede la riqueza material de parte de esa clase media asalariada? Es decir, sin cuestionar el origen de esa riqueza material de la que disfruta parte de la clase media, ¿no estaríamos cronificando la desigualdad y la pobreza? Parece que se ha normalizado la pobreza hasta tal punto de convertir en legítimo el hecho de que parte de la clase media conserve sus bienes materiales -aún a costa de los pobres que parecen generarla-. Veamos:

El texto que sigue ha sido extraído del libro de ENRIQUE MARTÍNEZ REGUERA (2015) “Manifiesto personal contra el Sistema”. Madrid. Popular.

El texto entrecomillado que sigue, lo tomo de su autor Íñigo Ortiz de Mendíbil y Zorrila:
“Nos hicieron creer que éramos clase media y no lo que realmente hemos sido siempre: clase trabajadora. Con halagos así, fueron desmontando los movimientos sociales, reivindicativos y solidarios. Se apelaba una y otra vez al Estado del Bienestar y al Estado de Derecho, pero escondiendo bajo la alfombra un 20% de excluidos. Para los que supuestamente habían previsto destinar subvenciones. Pero luego resultó que para los excluidos, ni las calderillas. Porque quien realmente fue subvencionada fue la población con estudios, la clase media. Somos la `Clase Media Subvencionada´ porque somos los receptores directos de los dineros asignados para la exclusión social. Tanto es así, que las propias subvenciones nos obligan a aplicar un 80% de las mismas a financiar a los ´profesionales´.
Ya está bien de hablar de los excluidos, para sacar tajada a espalda de los excluidos. Permitidme una ocurrencia: si Cristiano y Messi generan unos ingresos alucinantes al Madrid y al Barcelona, es lógico que también ellos tengan unas fichas o ingresos millonarios. Pues bien, si los excluidos sociales generan la totalidad de los ingresos de los ´profesionales´dedicados a ellos, también debieran percibir como ingresos netos, una parte de los recursos, en concepto de cuotas de participación...En vez de atiborrarlos de estúpidos cursillos sobre habilidades sociales o resolución de conflictos”.

No habría podido llegar la clase media a donde acabamos de referir, si desde los 80 la población no hubiera sido objeto de un lavado de cerebro para vaciarnos de interioridad y reducir a mínimos nuestra condición de personas.


La esclavitud consistió siempre en eso, en deshumanizar y cosificar personas.

Fin de la cita.

Por lo tanto, parece que ni en la ficción, Pedro J. Ramírez es capaz de proponer un verdadero pacto de Estado sobre la pobreza. Yo no pretendo esquilmar a la clase media pero sobre todo, no quiero continuar explotando a ese 20% de personas excluidas que generan riqueza material -la cual, no está destinada a ellas-.

No es mi intención cargar contra Pedro J. Ramírez pero éste, de alguna manera, es consciente -ha de serlo- de lo que propone. Si en la actualidad no existe -o ha sido vetado-, en los grandes medios de comunicación, un debate profundo acerca del origen de las actuales desigualdades, responde a algo premeditado y tendencioso. El debate acerca de una parte de la clase media no es únicamente el cuestionar la legimitidad o no de las condiciones materiales que supuestamente le pertenecen. Es más profundo aún, se trataría de ocultar con malicia, algunas de su probables funciones. Veamos:

El texto que sigue ha sido extraído del libro de ENRIQUE MARTÍNEZ REGUERA (2015) “Manifiesto personal contra el Sistema”. Madrid. Popular.

Recientemente comenté en la Universidad, a un grupo de estudiantes y graduados de trabajo social y psicología:
“La mayoría de vosotros, en mi época, encontraríais empleo al acabar los estudios; meses después alquilaríais una vivienda con opción de compra y empezaríais a pensar en crear vuestra propia familia.
Tal vez porque estamos reunidos en un aula universitario os sigáis imaginando así, gentes de clase media; pero la mayoría de vosotros ya no lo sois, porque el paro os está empujando hacia la pobreza.
Miraos unos a otros. Al acabar los estudios, la mitad de entre vosotros no encontrará trabajo ni vivienda ni forma alguna de independizarse.
La otra mitad frenará ese resbalón hacia la indigencia, en la medida en que entre a prestar incondicionales servicios en alguna Empresa o en alguna ONG subvencionadas. El llamado Tercer Sector: un colectivo amamantado con subvenciones, que si obedece con instinto canino recibirá el sustento diario; y si no, será arrojado a las tinieblas exteriores, al famélico vertedero del desempleo.
La labor de muchos de vosotros ya no tendrá nada que ver con vuestra preparación ni vuestro específico ejercicio profesional, sino que simple y llanamente prestaréis labores de control social sobre los desposeídos. Entre los que ya se encontrará la otra mitad de vuestros compañeros.

Estricto y riguroso control social de carácter intimidatorio, para evitar que los pobres se vuelvan levantiscos. Lo que en la época de Franco desempeñaba la llamada “brigada social” y el “auxilio social”; lo que en otras dictaduras desempeñó el comisariado político. Dará lo mismo que dispongáis de títulos de licenciado o doctor; de educador, psicólogo, sociólogo, antropólogo o filósofo. Porque no se os dará empleo para ejercer de lo que sabéis y para lo que os habéis preparado; sino para servir de ojos y oídos al Sistema”.

Fin de la cita.

Ese “prestaréis labores de control social sobre los desposeídos” es rigurosamente obligatorio ocultarlo a toda costa. La razón: lo contrario a ese control social, probablemente nos pondría en el camino para poder superar, con ciertas garantías, las desigualdades sociales. Cuando ese debate se difunda desde los poderosos medios de comunicación -ya lo sé, soñar es gratis-, poco a poco, iremos comprendiendo, por ejemplo, que existe un reparto injusto de las condiciones materiales. Esas condiciones materiales que convierten a unas personas en aventajadas del sistema financiero (al facilitarle el acceso a bienes, servicios y derechos básicos) y a otras, en cambio, la negación de la porción del pastel les conducen al vertedero de la pobreza -eso sí, siendo cosificadas y explotadas-.


A Pedro J. Ramírez, por lo tanto, le ha faltado ambición así como prestarle un poquito más de atención al origen de problemas tremendamente graves -con el fin de no repetir viejas fórmulas ya fracasadas-. Esa falta de ambición ha provocado que, tampoco en la ficción, pueda proponer un verdadero pacto de Estado sobre la pobreza. He de decir también que, me hubiese gustado leer en su carta una solución o una propuesta para hacer frente “a las dos castas de infancia” que hay en Occidente. Es decir, una reflexión acerca de la necesaria reforma del sistema de protección de menores. Aunque despreciando en su carta a una de las fuerzas políticas (IU o para ser más exactos IU-Aragón), que, curiosamente, ha abierto el debate acerca de lo que comento, era lógico que Pedro J. Ramírez  no reparase en dicho debate (pinchar aquí).

25 julio, 2016

El mundo peculiar de Pérez-Reverte.


Una persona a la que admiro y aprecio mucho, sin pretenderlo me ha conducido hasta un artículo de Pérez-Reverte. Mi amiga no simpatiza con el académico. Yo, tampoco. Y tenemos sobrados motivos. Los principales: afortunadamente, hay miles de libros y artículos que todavía nos esperan; también, afortunadamente, están escritos por otras personas. Todo es comprensible: también las memeces que escribe, en ocasiones, Pérez-Reverte. Escribir bien, saber escribir, responde a un tipo de inteligencia. En Mujeres como las de antes (Patente de corso, Mujeres como las de antes, El Semanal, 22/7/2007), encontramos un artículo bien escrito. También encontramos -algunas personas- machismo, misoginia y mala leche:
“Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip, yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente -¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo”.
La inteligencia a Pérez-Reverte, en este caso, le da para escribir párrafos como el anterior: gramaticalmente, correctos. En cuanto a su contenido: nauseabuendo. Como todo -o casi todo- es comprensible, probablemente cientos de sus lectores fieles tratarían de justificar al académico Reverte: que si no entendemos en realidad lo que quiere decir, que si Pérez-Reverte no mataría ni a una hormiga, etcétera. Cuando en realidad, a lo mejor, lo que no logran entender esos fieles lectores es lo siguiente: en ese artículo, Pérez-Reverte, una vez más, no genera identidades positivas. 
En cuanto me encuentre con mi amiga le desvelaré mi antídoto anti-Pérez-Reverte de carne y hueso, el de verdad, el que se regala así mismo la patente de corso para soltar, de vez en cuando, memeces y sandeces. El antídoto es recurrir a la ficción. Curiosamente, el Pérez-Reverte de la ficción es capaz de sacarme unas carcajadas. Pero, por favor, no me saques de la ficción...

10 julio, 2016

La escuela como compromiso.


El texto que sigue a continuación, ha sido extraído del libro de FRANCISCO LARA (2004) “La escuela como compromiso”. Madrid. Editorial Popular:

Capítulo 7
El sistema de evaluación.

Una de las preocupaciones más importantes que tiene que asumir el colegio es la relativa a las evaluaciones. Para nosotros la evaluación no es exclusivamente la necesidad de hacer una reflexión sobre el esfuerzo realizado por los alumnos ante las materias explicadas en la clase. No existe solamente el boletín de notas y el reflejo en el mismo de ese baremo que pretende el máximo de objetividad.
En nuestro planteamiento pedagógico es muy importante constatar el nivel de esfuerzo realizado por los niños y niñas; pero consideramos de la misma categoría comprobar si la programación realizada ha sido la correcta, si el modo de enseñar la materia ha sido el más adecuado, si la motivación para el estudio ha servido a su objetivo.
Para nosotros, para el colegio, evaluar es una difícil labor en la que se ve implicada la tarea del maestro y el trabajo de los alumnos. Pero no podemos descartar ninguna de las dos.
Por eso en las Juntas de Evaluación, comprobado el rendimiento de los alumnos, lo importante es encontrar los cambios necesarios en la metodología, en la agrupación de los mismos, en la atención personificada que se ha realizado. Más que poner notas, se examina el aprovechamiento realizado y se programan los cambios convenientes en la metodología aplicada. Si toda la culpabilidad del aprendizaje fallido se la achacáramos a los niños y niñas, sobrábamos los maestros en las clases. Nuestra misión es descubrir la manera de conseguir que los objetivos planteados sean conseguidos por los alumnos. Esto obliga a una postura crítica y abierta; aprendemos en el proceso. La tarea de evaluar es la más difícil de asumir porque es un examen a nuestro propio trabajo.
En los primeros años podíamos hacer experiencias que luego tuvimos que abandonar por falta de tiempo y por la premura en las tareas cotidianas. Nos reuníamos los maestros en un aula y observábamos cómo se desarrollaba la clase de uno de nosotros. No interveníamos con los niños; sencillamente observábamos y tomábamos nota. Al final se hacía una valoración que ayudaba enormemente. Era el mejor camino para aprender. Y para reflexionar con las aportaciones de todos. Hoy sólo podemos hacerlo en contadas ocasiones y cuando algún maestro pide una observación de este tipo. Sentimos con demasiada frecuencia que existe una especie de pudor a que se vea nuestro trabajo y se evalúe.
Para un maestro que empieza eso sería lo que más podría ayudarle y, por una excesiva consideración, por un respeto mal entendido, es algo que no solemos hacer.
Suele deberse esta postura de no aceptación de la crítica a una falta importante de seguridad en lo que se hace.
¿Por qué quien lleva treinta años enseñando, y con un cierto éxito, no puede enseñar a quien solamente se ha visto ante la tutoría de un grupo de alumnos en dos o tres cursos?
Los nuevos maestros han aprendido a evaluar a los niños y niñas con un baremo aparentemente objetivo; traen el bagaje de la Universidad, pero todos conocemos lo ajena que está situada la Universidad a los problemas concretos del aula, al desarrollo efectivo del grupo de 25 niños.
En esos primeros años tendrá que aprender a evaluar, a programar, a corregir errores, a descubrir mecanismos de motivación, a conocer a los niños. La formación de estos nuevos maestros implica, muchas veces, un cambio de mentalidad. De el yo evalúo al nos evaluamos todos. Del yo controlo, decido y puntúo me detengo a reflexionar sobre la aportación que hago a la educación de estos niños y niñas. Es el momento en que asumo el sentido crítico de mi trabajo, es cuando aprendo a crecer, cuando realmente me estoy formando. Por eso no es fácil para muchos de los nuevos maestros, porque se nos ha enseñado a no poner en tela de juicio nuestro propio trabajo sino el de los otros. Y en Palomeras Bajas lo importante es descubrir nuestros propios errores para entender el mejor camino de solucionarlos.
Creer que cualquier método es válido para cualquier alumno en cualquier lugar es desconocer las premisas más importantes de cualquier proceso de aprendizaje. Éste es siempre uno de los caballos de batalla con los maestros nuevos, aquéllos que vienen con la “confianza” de que lo saben hacer bien. Es muy importante profundizar con ellos en las razones de esas posturas. No siempre es fácil pero siempre es necesario incoar esa reflexión y suelen ser las sesiones de evaluación los momentos más idóneos.
Cuando un centro no tiene otro planteamiento ante la evaluación más que poner notas y dar los boletines a los niños y a los padres, es claro que los nuevos profesores que llegan de destinos varios donde ni han escogido el centro, ni conocen el proyecto que se desarrolla en él, es muy fácil acomodarse y hasta parece que saben hacer muy bien el trabajo de evaluar.
Nuestra experiencia indica que se tarda un tiempo en acomodarse a los criterios de un proyecto de trabajo específico, que no se aprende si no se ponen sobre la mesa de trabajo las aportaciones propias y las críticas que se ofrezcan, si no se pone en ella también la capacidad de cambiar, de mejorar, de apreciar otros puntos de vista.
En el colegio se estima que, si ante un examen, son unos pocos los niños que aprueban el control realizado, es por varias razones, y entre ellas una de las que tiene más relevancia es la dificultad que tiene el maestro para conseguir ese ritmo de aprendizaje adecuado.
Cuando alguien pone a los niños ante la perspectiva de tener que hacer un examen, tiene que tener argumentos específicos para hacerlo. Existe muy poca literatura pedagógica que avale la necesidad de los exámenes. Es necesaria la evaluación, pero colocar a los niños y niñas en la situación de presión que supone intentar objetivar los conocimientos es algo que tiene muy poco que ver con la educación y con la promoción del conocimiento.
El primer examen que yo recuerdo en mi vida escolar lo hice a los diez años cuando ingresé en el Bachillerato. Allá por el comienzo de los años cincuenta. Era una prueba tipo reválida. Y pasábamos de la Escuela al Instituto, y sólo éramos unos pocos. Yo no conocía a quienes me examinaban, estaba en un lugar ajeno, nos habíamos preparado para aquella prueba de madurez: un dictado, una cuenta de dividir y poco más. Parece mentira que cincuenta años después se siga creyendo en determinados círculos, muy extensos, eso sí, que es necesario hacer exámenes continuos a los niños. “Si no se hacen exámenes, nos dicen esos maestros y profesores, los niños no estudian”.
Mi experiencia, la de nuestra pedagogía, es distinta. Cuando empezaban las clases en los primeros días de octubre, solía decir a los niños y niñas de Secundaria: “Por las notas no os preocupéis, todos estáis aprobados. Si estudiáis y trabajáis aprenderéis algo que os será útil, si no lo hacéis perderéis el tiempo, os aburriréis y me agotaréis a mí”. Al principio no se lo creían, pero poco a poco resultaba el mejor estímulo; no estudiaban ni trabajaban para aprobar sino para saber. Notaban que había un alto nivel de confianza en ellos, y era cierto.
A la escuela no se puede venir a aprobar sino a aprender, a convivir, a socializarse, a encontrar al otro. Cuando un maestro sólo se plantea como objetivo saber lo que saben sus alumnos ha dejado de ser maestro, ha dejado de educar. Su papel podría ser perfectamente sustituido por una máquina.
Por otra parte, un tutor que atiende una media de tres horas diarias a sus alumnos tiene que ser muy mediocre, tiene que interesarse muy poco por los niños y niñas a los que ve todos los días, si no es capaz de hacer una estimación muy acertada de lo que saben y lo que no, sin necesidad de exámenes.
En algún curso los padres pidieron que en el Plan de trabajo apareciera una valoración numérica de los trabajos que realizaban los niños en la quincena. Lo estuvimos haciendo un tiempo. Poco a poco tanto los niños como los padres y los maestros volvimos a la valoración individualizada y sin número porque estimamos que servía no para estimularles sino para abrir líneas de comparación. “Yo he sacado un nueve ¿y tú?” “Yo he suspendido tres”. Es claro que así no se está facilitando otra cosa que la competitividad y la insolidaridad. Es cierto que tanto los medios de comunicación como el discurso que se nos vierte aun desde los medios oficiales va en esta línea; pero no podemos aceptarla porque eso sólo favorece a quienes ya están en la cresta de la ola y no al conjunto de los niños y niñas que asisten a la escuela.
“Los exámenes entonces -dicen algunos- no sirven para nada”. Creemos lo contrario; son la piedra clave para entender si estamos o no haciendo un buen trabajo. Cuando alguien se plantea que lo importante es la nota que se pone al alumno, creemos que se cae en una grave contradicción educativa.
Hace unos años un maestro, de esos que acaban de llegar y no entienden el proyecto educativo del colegio, ponía un examen a un grupo de alumnos de 2º de Secundaria, al finalizar el primer trimestre. La materia era Historia. Habían trabajado la incorporación de España a la Unión Europea y se acababa de aprobar el tratado de Mästricht que se había explicado en la clase. Al entrar en el aula de examen observo que en primera fila está sentado un niño deficiente, que no sabe escribir y tiene delante una hoja con el examen que tiene que hacer. Me mira y me hace un gesto, muy habitual en él, preguntándome qué hace. No le respondo pero me acerco al profesor, tutor, y le pregunto que cómo tiene a aquel niño haciendo aquella prueba. Su respuesta aún la recuerdo con horror: “¡Es para que se dé cuenta de que no sabe!”.
¿A quién habría que suspender? Sin embargo, el mal trago se lo lleva el niño, no el profesor. El sentido de vergüenza acumulado en un niño que prueba tras prueba va encontrando que no la supera, podemos entender que produzca el efecto de apisonadora en su autoestima. Con este niño hay que aprender a trabajar y conocer cuáles son los motivos de su falta de interés por el aprendizaje y corregirlo. Vincularlo a una mala nota no repercute, de modo general, a la mejora de sus capacidades ni a su deseo de aprender.
Si hago una suma de quebrados mal, puede ser por muchas razones: porque no entiendo los número, porque no sé multiplicar, porque no conozco el mecanismo, porque he leído mal los dígitos en la calculadora, porque me he pegado con un chico en el recreo y tengo miedo, porque...Al poner una mala nota ¿a qué me estoy refiriendo, cuál de estas motivaciones del fracaso contemplo? ¿He mejorado la actitud del niño? ¿He mejorado mi capacidad de explicar? ¿He corregido los errores que este niño concreto ha cometido?
Cubrir con trazos rojos el trabajo de un niño señalando sus faltas de ortografía, sus errores de planteamiento, la cuenta equivocada, es un mazazo a su autoestima si no se le ayuda a comprender el error, si no se corrige a su lado, cerca de él, si no se le puede exigir lo que realmente es capaz de mejorar. Nuestra corrección no es un lápiz rojo sino un tiempo de dedicación a encontrar las causas de los errores y los mecanismos que ayudan a superarlos. Muchas veces el trabajo supera las posibilidades de la corrección individual y se hace necesaria la ayuda de los otros niños para hacer más comprensible el trabajo a todos, para conseguir que el error sea cada vez menos frecuente.
La evaluación se hace, también y sobre todo, desde la autoevaluación. Sin que sea un modelo único sí nos parece interesante ofrecer alguno de los esquemas que funcionan en las distintas evaluaciones. No es un formato único porque entendemos que cada maestro, según el estilo de trabajo, cada grupo según el modelo de participación, cada niño necesita un estímulo distinto y el momento adecuado. El modelo único facilitaría la burocracia del centro, pero entendemos que es mejor una estructura abierta si bien con el mismo interés siempre: los niños aprenden a conocer su propio ritmo, sus adquisiciones y a valorar el esfuerzo realizado. A los maestros nuevos se les ofrecen indicaciones que abran este camino y, aunque no tengan el formato, sí pueden ver los esquemas en que nos basamos al hacerlo.
De todos modos, por si a alguien le puede servir, quisiera presentar uno de los utilizados últimamente. Estos modelos se suelen adaptar a la situación concreta y al momento del curso en que se hacen. Lo importante es provocar la reflexión de los niños y niñas sobre lo que nos parece importante. Este momento de la evaluación es importante y se le reviste de un halo de formalidad para que no sea un mero trámite.

Evaluación personal

Explica cómo ha sido tu colaboración con los compañeros de la clase:

Muy poca
Poca
Normal
Buena
Mucha

Explica cómo has cuidado el material:

Muy poco
Poco
Bien
Muy bien

Explica cómo ha sido tu esfuerzo por aprender:

Muy poco
Poco
Normal
Mucho
Muchísimo

Ahora valora tu aprendizaje de uno a diez:

Naturales
Sociales
Lenguaje
Inglés
Matemáticas
Música
Tecnología
Ed. Física

Opinión y firma:

09 julio, 2016

Compromiso con la Educación.


"A la escuela no se puede venir a aprobar sino a aprender, a convivir, a socializarse, a encontrar al otro. Cuando un maestro sólo se plantea como objetivo saber lo que saben sus alumnos ha dejado de ser maestro, ha dejado de educar. Su papel podría ser perfectamente sustituido por una máquina". 
 
Cita extraída del libro de FRANCISCO LARA (2004) “La escuela como compromiso”. Madrid. Editorial Popular.

Cuando se interioriza lo transcendental de entender el Instituto como un lugar que va más allá de la mera instrucción, hay personas que suelen obtener magníficos refuerzos. Ahí van tres ejemplos:

1

"Muchas gracias por estos tres años, por lo bien que nos lo hemos pasado y por todo lo que hemos aprendido, con esto me refiero, no a lo que hemos dado en clase, sino todas esas cosas que nos has enseñado que nunca se enseñan en el colegio, que nunca te las enseñan los profesores. Pero tú eres una de esas profesoras que no se limita a "dar clase", sino que hace las cosas de forma diferente, por eso eres única y de corazón, te lo agradezco".

2

"Desde el primer día que tuvimos clase contigo no he cambiado mi opinión de ti, creo que eres alguien genial y única. Como profesora has conseguido que las clases sean entretenidas desde el primer momento y no todos los profes saben hacerlo. Pero no solo eso, creo que eres una verdadera profesora, ¿qué significa esto? Para mí los verdaderos profesores son los que no dan su trabajo por terminado después de dar la lección que toca y ya. Son los que nos enseñan más cosas de las que se dan en los libros, los que se preocupan por nosotros y nos ayudan cuando lo necesitamos".

3

"Gracias a ti he aprendido que un instituto no es un lugar donde vas a estudiar y a fundirte los sesos en las clases, también puede ser muy divertido si das con el profesor que haga del tiempo algo especial".



03 julio, 2016

Paracuellos.


El texto que sigue a continuación, ha sido extraído del libro de IAN GIBSON (2005) “Paracuellos: cómo fue“ -la verdad objetiva sobre la matanza de presos en Madrid de 1936-. Madrid. Temas de hoy:

La saca de la madrugada del 3 de diciembre de 1936 fue la última efectuada en Ventas, pues al día siguiente, 4 de diciembre, Melchor Rodríguez fue nombrado director de Prisiones y terminó en seguida con aquella espantosa situación, echando a los milicianos de las cárceles e imponiendo un régimen carcelario humanitario. De allí en adelante los traslados serían traslados de verdad, con garantías de llegar al destino indicado, y las órdenes de libertad serían auténticas. Había terminado el terror, gracias, precisamente, a un anarquista, de quien ahora nos incumbe hablar.

26 junio, 2016

Radical.


Querido primo, me identifico con lo que escribes. Puede resultar ingenuo imaginar una revolución con los mimbres actuales. No tengo en mente una revolución cruenta. Estaba pensando en aquellos primeros gobiernos socialistas que siguieron a la dictadura franquista: nunca, en España, con aquella mayoría parlamentaria aplastante se estuvo tan cerca de Allende…Ahora mismo, no hay lugar para albergar ese tipo de esperanzas. Espero que, en un futuro, una revolución no cruenta, pueda conducir a los parlamentos ese tipo de ilusiones. En cuanto a hoy, también vivo esta jornada con pesimismo teniendo presente el complejo sistema de intereses que condiciona de manera radical la vida parlamentaria.
Probablemente, yéndome por la tangente como en otras ocasiones, sí siento la necesidad de continuar siendo radical a mis cuarenta años. En concreto -y en especial-, en lo referente a la crisis ecológica global. En los últimos cinco años, han pasado por Cáceres Carlos Taibo y Jorge Riechmann. Ambas personas coinciden en lo estrictamente necesario de que el navío haga un posible viraje, no ya para evitar el colapso del planeta tierra, más bien para sufrir unas mayores o menores consecuencias. Riechmann, señala el hecho de que el decrecimiento ya no es una opción voluntaria para millones y millones de personas -este punto desestabilizador también requeriría de medidas radicales-. El viraje del navío sería la fundamental -y obligada- medida radical para atender a esa emergencia que el planeta Tierra padece. Y el cambio sería radical porque respondería a la obstinación -radical- de mantener un rumbo que nos hará chocar contra el acantilado. Teniendo en mente los intereses del planeta Tierra -el verdadero hogar de todas las personas y seres vivos que habitamos la Tierra-, Taibo propone para hacer frente a la crisis ecológica global, una salida -también global-: la salida del Capitalismo. Taibo recomienda, por ejemplo: frente a Keynes, reducir la industria automovilística a cero al tiempo que ponemos en marcha un sistema de transporte colectivo -generando puestos de trabajo…-. Algunas personas no pueden evitar concluir en la ingenuidad de Carlos Taibo. Pero esto último sería otro problema (el cual se podría explicar, por ejemplo, desde la denegación: vemos las señales -y sufrimos las consecuencias de que algo no va bien- pero, aún así, no reconocemos la realidad y sí, nos afanamos en transformarla alucinatoriamente con el fin de satisfacer el deseo, nuestro deseo). A Taibo y Riechmann la razón y el estudio les ha conducido a estos planteamientos con los cuales me identifico plenamente. Desde la razón y desde el corazón: si la Tierra está en peligro, lo lógico y -lo esperado- sería hacer planteamientos acordes a la emergencia que padecemos. Y los planteamientos ya están hechos -teniendo como base el sentido común más genuino y además, basados en pruebas y datos científicos-.
Un abrazo.

19 junio, 2016

La batalla de Argel.

La batalla de Argel (La battaglia di Algeri. Dir. Guillo Pontecorvo. 1965. Italia), profundiza en muchos aspectos de la actualidad. Lo que en un primer momento salta a la vista es la ya clásica atribución: la violencia legítima es monopolio del Estado. Por esta razón, el Estado considera que tiene absoluta libertad para cometer todas las barbaridades posibles. Eso sí, intentan emplear eufemismos para camuflar tanta deshumanización. 

El texto que sigue ha sido extraído de la película La batalla de Argel (La battaglia di Algeri. Dir. Guillo Pontecorvo. 1965. Italia):

- Periodista: Coronel Mathieu, el portavoz del Ministerio residente, Sr. Morlaine, ha declarado que Ben Midi se ha suicidado en su propia celda colgándose con los trozos de camisa con los que había hecho una cuerda que posteriormente había asegurado a los barrotes de la ventana. En una declaración precedente, el mismo portavoz había precisado que, a a causa del propósito ya expresado de huir en la primera ocasión se había hecho necesario tener al detenido Ben Midi continuamente atado de pies y manos. Según su opinión, Coronel, en dichas condiciones ¿un hombre puede romper la camisa, hacer una cuerda y fijarla a un barrote de la ventana para colgarse?

- Coronel Mathieu: Tendría que dirigir esta pregunta al portavoz del Ministro. No soy yo quien ha hecho esas declaraciones. Por mi parte, le diré que de Ben Midi he podido apreciar la fuerza moral, la inteligencia y el apego que ha demostrado a sus ideales. Por ello, aún recordando el peligro que representaba no dudo en rendir homenaje a su memoria.

- Periodista: Coronel Mathieu, se ha hablado mucho en estos últimos tiempos no solamente de los éxitos obtenidos por los paracaidistas si no también de los métodos que serían utilizados por los mismos: ¿usted puede decir algo al respecto?

- Coronel Mathieu: El éxito es el resultado de esos métodos. Lo uno presupone lo otro y viceversa.

- Periodista: Perdone Coronel, tengo la impresión de que quizá por un exceso de prudencia mis colegas insisten en hacer preguntas alusivas a las que Usted sólo puede contestar con alusiones. Pienso que sería mucho mejor llamar a las cosas por su verdadero nombre. Si se habla de torturas, que se hable de torturas.

- Coronel Mathieu: ¡Entendido! ¿Y Usted no va a hacer ninguna pregunta?

- Periodista: Las preguntas ya han sido hechas. Sólo querría respuestas más exactas, nada más.

- Coronel Mathieu: Vamos a intentar ser exactos. La palabra tortura no aparece en nuestros diccionarios. Siempre hemos hablado de interrogatorios como único método válido en una operación policial dirigida contra una banda de desconocidos. Por su parte, el FLN pide a sus miembros, en caso de captura mantener el silencio durante 24 horas. Después pueden hablar. La Organización ha tenido el tiempo necesario para inutilizar cualquier información dada por ellos. Y nosotros, ¿qué tipo de interrogatorio deberíamos elegir? ¿El utilizado por los Tribunales que por un delito de homicidio dura varios meses?

- Periodista: La legalidad es incómoda, Coronel.

- Coronel Mathieu: ¿Y quien hace explotar las bombas en lugares públicos respeta la legalidad? Cuando le hicieron esta pregunta a Ben Midi, recuerden lo que contestó...No, señores, créanme, es un círculo vicioso. Y podríamos discutir durante horas sin llegar a conclusiones. Porque el problema no es éste. El problema es: el FLN nos quiere echar de Argelia y nosotros queremos quedarnos. Ahora bien, a mí me parece que con matices distintos estamos todos de acuerdo en que debemos quedarnos. Y cuando comenzó la rebelión no había ni siquiera matices distintos. Todos los periódicos, incluso los de izquierda pidieron que fuera sofocada. Nosotros hemos sido aquí mandados para eso. Y nosotros, señores, no somos ni locos ni sádicos. Los que hoy nos dicen fascistas olvidan el apoyo que muchos de nosotros ha dado a la Resistencia. Los que nos dicen nazis no saben que entre nosotros hay supervivientes de campos de concentración alemanes. Somos soldados y tenemos el deber de vencer.
Por lo tanto, para ser exactos ahora les hago yo una pregunta: ¿Francia debe quedarse en Argelia? Si siguen contestando que sí, tienen que aceptar todas las consecuencia necesarias.

 


14 junio, 2016

Oración.

El 7 de mayo mi amigo Tito y yo hicimos un viaje muy especial a Don Benito. Ese día -el 7 de mayo-, se estrenaba a nivel mundial el documental The Rincón Pío Sound-The Venue: motivo real que nos condujo a Don Benito. Por el camino, aprovechamos para rememorar nuestra amistad -la de dos amigos-, que nos conocemos ya desde hace veinte años. La canción que nos acompaña en el vídeo es muy significativa...

18 mayo, 2016

Infancia en Occidente: las dos castas.


País extraño en el que vivimos. Cuando se constituyó el Congreso, aquel bebé en brazos de su madre -diputada-, generó un sin fin de opiniones. Sin duda alguna, fue una buena ocasión para debatir acerca de lo realmente importante: ¿contamos en realidad con un sistema que protege a la infancia? Si contamos con un sistema que protege a la infancia y a la adolescencia: ¿por qué cada vez se oyen más voces que cuestionan que la Administración no cumple bien su función, generando, por lo tanto, indefensión en las familias?

Con la finalidad de generar opinión al respecto del debate abierto, he seleccionado tres documentos que ilustrarían el cuestionamiento del sistema de protección actual.

El primer documento tiene como protagonista a IU Aragón. Con su propuesta, IU Aragón rompería esa mala práctica de la política de partido: esconder lo que no le interesa debajo de la alfombra.

En el segundo documento, Francisco Cárdenas Ropero -Presidente de APRODEME-, propone de manera urgente una reforma del sistema de protección.

Finalmente, en el tercer documento, recurro a Enrique Martínez Reguera. A través de un capítulo íntegro de uno de sus libros más signitificativos -e imprescindibles-, tendremos la ocasión de descubrir por qué es necesario cuestionar el actual sistema de protección.


Documento A: IU Aragón.



(Para acceder al documento, pinchar sobre el texto).


Documento B. Francisco Cárdenas Ropero: La necesaria reforma del sistema de protección de menores



Documento C: Enrique Martínez Reguera. Ángel y Merceditas. 


El texto que sigue hasta el final de lo publicado en este post, ha sido extraído del libro de ENRIQUE MARTÍNEZ REGUERA (2011) “De tanta rabia tanto cariño”. Madrid. Popular.

Ángel y Merceditas.

A partir de noviembre del 87, la nueva legislación sobre Menores decidió que en España habría dos categorías o estirpes de niños: los hijos de familias pudientes, sin riesgos previsibles, que pertenecen a sus padres naturalmente, y los hijos de familias sin recursos o “niños de riesgo”, que en cualquier momento podrían ser expropiados a sus papás para convertirles en un bien común o de interés público.
Entonces se creó en cada Comunidad Autónoma un negociado tutelar que administrase en régimen de monopolio esa novedosa riqueza semoviente que serían los “niños de riesgo”. Y para hacerla más rentable comenzaron a proliferar por doquier empresas gestoras “sin afán de lucro”, que demasiadas veces no pasan de ser turbios negocios traficando con la vida de esos niños.
Así fue como Merceditas, Angelito y sus hermanos pequeños fueron arrebatados, robados, a sus papás.
Como a más de un lector pudiera sonarle a novedosa semejante expropiación de los hijos, lo mismo que esas dos castas de niños, sin riesgo y con riesgo, a las que me acabo de referir, voy a permitirme una breve digresión para explicarlo.
La cultura occidental sostuvo desde muy antiguo que los niños son propiedad de sus padres, a eso se le llama la patria potestad que incluye la tutela y la guarda y custodia de los hijos.
Sobre esta potestad patria se apoyan todos los derechos y deberes mutuos que posibilitan la vida privada de las familias; padres e hijos se ayudan entre sí y toman sus decisiones sin que ningún ajeno tenga en principio derecho a interferir. La patria potestad blinda los intereses del grupo familiar: lo que es bueno para un miembro de la familia es bueno para los demás, el daño que se cause a uno de ellos es daño que se inflige a todos. Por eso la patria potestad garantiza el núcleo protector en el que se puedan realizar las labores de crianza. Protegiendo y criando a sus hijos los padres protegen su propio futuro y el futuro de toda la familia.
Precisamente por esto, las familias con graves carencias económicas, bajo ese cobijo que les otorgaba la patria potestad, buscaron siempre en la biología, en la procreación, un mecanismo eficaz de autodefensa: a más hijos, mayores posibilidades de supervivencia familiar: los hijos traen un pan bajo el brazo se decía antaño y no sin razón, porque son portadores de sangre joven, de nuevas ilusiones, de acometividad y creatividad, de vigor físico, de fuerza de trabajo. Los pobres siempre han sabido que a más hijos más brazos tirando del carro común y más posibilidades frente a la adversidad.
La revolución comunista pretendía algo similar pero por otro camino; y razón no le faltaba, porque la privacidad que era buena para los que heredan fortuna, era insuficiente para los que heredan miseria. Al considerar a los hijos como un caudal de interés público, su educación y crianza quedaría bajo arbitraje del Estado: precisamente para hacer prevalecer el interés colectivo y garantizar criterios más igualitarios.
Todo el siglo XX cobijó a sus hijos bajo uno de estos dos criterios: propiedad privada en Occidente, propiedad pública en los países del Este. La incansable polémica entre escuela pública y privada no fue sino un corolario de ese dualismo.
Pero con la caída del muro de Berlín la política del Capital decidió astutamente otorgar parte de la razón a cada una de esas dos ideologías, mediante un proyecto pasmoso, consistente en permitir expropiar la prole a un sector de población: los hijos de las familias pudientes seguirían siendo de sus papás como siempre lo habían sido, mientras que los hijos de los pobres, por su “situación de riesgo”, podrían pasar a ser del Estado. Y correspondería al Estado pudiente aprovecharles en interés propio.
De esa manera en España hoy se nace perteneciendo a una de estas dos castas: niños sin riesgo y niños de riesgo; niños sin riesgo, con familia adecuada o no, pero con recursos como para impedir que el Estado se los quite, y niños de riesgo, con familia adecuada o no, pero sin recursos suficientes como para evitar que se los quiten, desarraiguen y rentabilicen.
El truco del riesgo, es que dicha ley de “Protección” prejuzga que si padres e hijos se hallan en situación muy destartalada, el riesgo que padecen los hijos es culpa de los padres y solo de ellos. O sea que si un papá es víctima del paro estructural y del trabajo basura, aún encima tiene la culpa de todo; el Estado se va de rositas y a padres e hijos se les castiga; y se les castiga nada menos que amputándoles el futuro y el pasado, la prole y las raíces. Por esta vía, las políticas que originan el desbarajuste social luego se lo achacan a los sujetos y grupos más vulnerables. Víctimas y aún encima apaleados.
A partir de ese momento los organismos “tutelares” se han puesto a expropiar retoños ajenos con fervor ultramontano y tal como estaba previsto: solamente los de las familias ya desfavorecidas; en teoría para cuidárselos mejor, en realidad para desposeerlas de lo poco que les quedaba: su capacidad de engendrar, su sangre joven, la prole, la fuerza de trabajo, de futuro.
Aquella convicción popular de que a más hijos más posibilidades de supervivencia ya solo será cierto para las familias acomodadas, porque para las indigentes, a más hijos más riesgo y probabilidad de que te los expropien.
Un verdadero golpe bajo a las clases desfavorecidas, un inmisericorde dislate clasista, no uno más sino el peor: a la larga una ladina selección, pura ingeniería social, como un genocidio muy discreto.
Mercedes y Emiliano, los papás de Ángel y Merceditas, tenían cuatro hijos, dos del primer matrimonio de la mamá y otros dos en conjunto. Vivían en Alcalá de Henares, en una casa alquilada; eran años muy difíciles y las necesidades económicas ahogaban a la familia. Pero su verdadera tragedia comenzó en el 91: sucedió que como el dueño de la casa quería que los inquilinos se fueran para poder subir el alquiler, no se le ocurrió otra cosa que acusarles ante la autoridad municipal de maltratar a sus hijos. El maltrato podía ser una realidad, pero también era una vía que brindaba la nueva legislación y que permitía agredir impunemente a los padres bajo pretexto de proteger a los hijos.
Policía y personal de la institución tutelar se presentaron en su domicilio y por la fuerza se llevaron a los niños. La madre estaba embarazada y la amenazaron con esposarla a los barrotes de la terraza si seguía resistiendo. Tuviera fundamento o no la acusación, ya les estaban castigando. Los hijos ingresaron en el centro de primera acogida de Hortaleza. Durante quince días les tuvieron incomunicados. El niño amenazó con arrojarse del tejado.
Los informes médicos no mencionaron carencia alguna, física, nutritiva ni sanitaria, los otros informes resaltaron la fuerte vinculación familiar. Fueron pues trasladados al internado Isabel Clara Eugenia y enseguida se dispuso la devolución: por la excelente vinculación familiar y porque solo se veían carencias económicas que son las que habría que arreglar. Un año después les devolvieron la tutela.
Amedrentados por esta experiencia tan cruel como arbitraria decidieron marchar de Alcalá y se fueron al pueblo de Meco.
Allí fue precisamente en donde yo les he conocido: una profesora del colegio público al que acudían los niños me llamó para interesarme por ellos: se encontraban sin vivienda, sin trabajo y sin alimentos. Me consta que en más de una ocasión los niños salieron a robar tomates de los huertos vecinos para que en casa hubiese algo de comer.
En esta etapa, el chiquillo, que entonces tenía doce años, comenzó a indisciplinarse en la escuela; la policía municipal le capturaba para obligarle a entrar en el colegio y repetidamente el niño se escapaba. La directora comenzó a desear prescindir de aquellas criaturas y a proponer su internamiento. Cierto día, la familia presenció cómo arrebataron con extrema violencia a dos niños vecinos, gitanillos ellos de ocho y cinco años; a la salida del cole y delante de todas las madres, que escondieron a los suyos horrorizadas.
En consecuencia, una vez más decidieron poner tierra por medio, ahora para refugiarse en Valdecaballeros, provincia de Badajoz, en donde el padre tenía familia, con la esperanza de que les fuera más fácil encontrar trabajo.
Se habían ido con lo puesto y comenzaron a vivir en un recinto poco habitable, pero a los pocos meses ya consiguieron alquilar una vivienda. Lo malo fue, que los mecanismos de sospecha ya se habían activado también: las condiciones higiénicas no eran las más adecuadas y desde el colegio les derivaron a los servicios sociales por “posible maltrato”; derivación de obligaciones, muy cómoda, que también propicia la nueva legislación.
Cuando la familia cuenta ya con vivienda, los niños con colegio, los padres con trabajo, amén del apoyo de los abuelos y de nuestras frecuentes visitas desde Madrid, empiezan a recibir citaciones repetidas en las que se les conmina a comparecer ante el servicio de Protección Jurídica del Menor en Mérida.
En febrero del 95, aunque poco a poco van ganando calidad de vida y solo necesitan que les dejen salir adelante por sus propios medios, se inicia otra vez la investigación “por si se estimara conveniente retirarles de nuevo a los niños”. A ellos les da pánico imaginar que se pueda repetir lo que les acaeció en Madrid.
En verano del 97, el último día de colegio, como si atacasen a un grupo de dinamiteros, un espectacular despliegue de fuerza pública, policía, guardia civil, técnicos de la Junta y de la Cruz Roja se presentan en la escuela, desalojan a todos los alumnos excepto a los cuatro hijos de Mercedes y Emiliano, y mediante engaños que los niños no se creen (les dicen que les van a llevar a un campamento de verano), meten a dos en una ambulancia y a los otros dos en otra y se los llevan al Centro de Menores de Mérida.
El 20 de junio les internan, pero el 4 de agosto les ponen de nuevo en la calle. El mayor ya tenía 16 años, el segundo 14, el tercero 7 y el cuarto 5 y se estaban pasando la vida bajo un régimen de excepción así de incoherente.
Estos son los índices de desamparo que adujeron para cometer tamaña arbitrariedad: falta de higiene, absentismo escolar, que los niños no jugaban, problemas conductuales, consumo de alcohol de los padres, y falta de colaboración por parte de la familia.
Los que les conocíamos sabíamos que todo esto era falso y así lo hicimos constar infinidad de veces. Que el absentismo escolar no era cierto quedaba demostrado por el propio boletín de notas en donde reseñan ese dato. La falta de higiene solo se produjo en los primeros meses e inevitablemente como ya mencioné. El que los niños no jugaran cuando todo el mundo les veía jugar sin tregua, eran ganas de marear. Y en cuanto al supuesto consumo de alcohol, el propio señor alcalde escribió de su puño y letras: “...tengo que puntualizar, que aunque frecuentan el bar no implica consumo, por otro lado en el pueblo no hay centros sociales ni culturales de reunión, y los bares son muy frecuentados”. El problema de conducta que les achacan también es curioso: un grupo de ocho niños del colegio, entre los que se encontraba uno de esta familia, robaron dinero de las huchas del Domund; aún hoy nos preguntamos por qué conociendo la identidad de los ocho solo se procesó a tres familias, casualmente las tres más indigentes.
Y llegamos a lo de la “falta de colaboración con los servicios sociales”. Hete aquí el núcleo del asunto, su mayor o tal vez su único pecado: que sin orden judicial no dejaban fisgonear a nadie en su domicilio; ¿quién ha dicho que no dejar entrar la asistencia social en tu casa sea un delito?, ¿por qué te has de convertir en sospechoso si defiendes tu intimidad ante los extraños?, ¿acaso un trabajador social, a quien se le encomienda hurgar en tu hogar, no puede ser más incisivo que un policía?, ¿y por qué la palabra de estos técnicos se convierte en palabra de dios, para denigrar y desintegrar una familia?
Les sacaron del internado con la condición de que los padres firmaran un contrato. Habrían firmado cualquier cosa por recuperar a sus hijos. Se trataba de un vademécum de buenas costumbres con cláusulas tan bobas y resbaladizas como “las relaciones entre los miembros de la familia serán cordiales...”, “se mantendrán limpios y aseados...”; ¿quién evalúa eso y con qué derecho?; he aquí otra cláusula textual “la vida pública de Mercedes y Emiliano deberá responder a lo que socialmente se adscribe a los roles de los padres, por ello el consumo de alcohol y asistencia a bares debe ser compartido con otro tipo de actividades de convivencia con sus hijos (hacer deporte, pasear, ir a parques, excursiones, pesca, etc.)”. De hecho yo mismo les había acompañado más de una vez en esos u otros entretenimientos, los disfrutaban como lo más natural cuando les era posible, ¿por qué habrían de hacerlo ahora por obligación y bajo contrato? ¿qué dictadura se atreverá a imponer semejantes cláusulas al común de la gente?
Firmaron y se fueron a casa con sus hijos, pero la tutela se la quedó la Junta de Extremadura: los deberes para los padres, los derechos para la Junta...¡si el Derecho Romano levantara cabeza!
El contrato tenía que revisarse a los tres meses pero los servicios tutelares no dieron señales de vida desde agosto del 97 hasta abril del 99.
El 14 de octubre del 99, policías, técnicos de menores y la Cruz Roja vuelven al colegio y se llevan por la fuerza a los dos pequeños, luego van al domicilio y se llevan al segundo. El mayor estaba ya en Madrid trabajando con su padre. Resulta inaudito, así, sin más, por tercera vez, ¿recordáis la película de Ken Loach, Lady bird, Lady bird? Los informes que emite esta vez el equipo técnico de Mérida son indescriptibles, están repletos de suposiciones, de contradicciones, de infundios e incluso de falsedades: “una vecina nos comenta que seguramente estén en casa pero no abren la puerta”; “se rumorea que el único que alguna vez debe hacer la limpieza en casa es el marido”; “su voz era de estar muy nerviosa o bebida”; “tienen un coche en la puerta” (no dicen que ese coche estaba sin motor); “esperamos un rato sin que nos vieran y el mayor salió en bicicleta, intuimos que fue a avisar a su madre para que no volviera”. De una entrevista que tienen con los niños reseñan: “sus mejores amigos son los hijos del dueño del bar que frecuentan sus padres” (no dicen que es allí donde se reúne la asociación deportiva con todos los niños y que el dueño del bar es el responsable de tales actividades y quien las organiza). En fin así podríamos añadir diez o doce folios.
Pero esta vez los niños pasaron dos años internos porque los padres recurrieron al juzgado y el juez tardó dos años en contestar. Se les devolvió la guarda y custodia, pero la tutela siguió en manos de la Junta.
Durante diez años esta familia ha sido acusada y perseguida; su delito ha sido haber pasado necesidad y sin embargo haberse atrevido a exigir respeto.
Cuánto no habremos aprendido nosotros de su dignidad y sus padecimientos: denuncias por malos tratos para subir el precio de una vivienda, denuncias calumniosas para limpiar el colegio de alumnos molestos, funcionarios fanáticos que mienten y omiten datos y falsifican documentos, despliegues de fuerza pública para aterrorizar a las mamás aturdidas de un barrio, cierre al asalto de un colegio como broche elocuente el último día del curso.
¡Y yo que me preguntaba para qué habrían hecho semejantes leyes!...por cierto, aprobadas por unanimidad en el Parlamento.

12 mayo, 2016

Minnie The Moocher.


Cotton club (The Cotton Club. Dir. Francis Ford Coppola. 1984. EE.UU.), es una película indispensable. Tener el placer de ver a Larry Marshall imitando de manera tan impresionante a Cab Calloway, no tiene precio. 


11 mayo, 2016

Sexo y adolescencia.


El profesor de Filosofía del IES El Brocense -Cáceres-, Alfonso Domínguez Vinagre, ha estado trabajando durante dos meses con un taller de “Sexo y adolescencia”. En el taller ha participado la chavalada de su tutoría, de una media de 16 años. Esta semana han llegado a una ronda de conclusiones. Las que yo comparto, son algunas de esas conclusiones que el mismo Alfonso Domínguez ha tenido el gusto de compartir entre sus amistades, a través de una red social, por la Internet. Sin duda alguna, las conclusiones que ha compartido Alfonso Domínguez, invitan a la reflexión -deberían hacerlo-. Aunque no hace falta decirlo, por si acaso, lo haré: deberían ser tenidas muy en cuenta en el marco de ese debate que ya hemos emprendido acerca de la Educación. De esa Educación de la que están bebiendo las personas que están descubriendo el mundo.

- El porno es el modelo prioritario.
- Prima el sexo casual al de pareja.
- Apenas hay sexo de proximidad, entre amigos.
- Siguen vigentes los patrones clásicos de mujer objeto y macho alfa.
- El prototipo de hombre: el malote con corazón.
- De tía: la tía buena.
- En ámbitos minoritarios, ligados a subculturas, el patrón cambia a una sexualidad más igualitaria y emocional.
- Sí hay avances significativos en la aceptación social de la diversidad sexual.
- Los contextos de las relaciones son totalmente inapropiados.


10 mayo, 2016

Denegación.

Aquel día, justo antes de la charla de Jorge Riechmann, leí lo siguiente en un folleto editado por Ecologistas en Acción Extremadura: “El 12% de las personas (las que vivimos en el norte de América y de Europa), somos las responsables del 60% del consumo mundial según el Informe sobre el estado del mundo del Instituto Worldwatch”. Lo anterior, además de explicar muchas cuestiones, nos ayuda a comprender la tan extendida: denegación. Sería algo así como la facultad de millones y millones de personas para no reconocer la realidad y sí, su capacidad para transformarla alucinatoriamente con el fin de satisfacer el deseo -o su deseo-. El calentamiento global del planeta, lo tenemos encima. Riechmann habló de un todavía posible viraje, no ya para evitar el colapso del planeta tierra, más bien para sufrir unas mayores o menores consecuencias...

09 mayo, 2016

Mimetismo.



El texto que sigue a continuación, ha sido extraído de la película Confidencias (Gruppo di famiglia in un interno). Dir. Luchino Visconti. 1974. Italia:

Konrad: ¿por qué no quieres casarte conmigo?

Stefano: Bianca, no le des cuerda, ¿no ves que está a punto de atacar la sociedad corrompida, capitalista y burguesa? ¿Todavía estamos en eso? Esa sociedad, hoy ya no existe. Y si existe agradéceselo a Dios: ¡tú has sido de los últimos en beneficiarte!

Profesor: si es por eso, sí existe. Claro que existe. Es mucho más peligrosa hoy que nunca: porque está mimetizada.

Stefano: ¡Oh no, también usted, profesor!

Profesor: yo no soy un reaccionario. Creí que lo había comprendido.

Stefano: no lo he comprendido, también usted está mimetizado. No he conocido hasta ahora ningún intelectual que no se proclame de izquierdas. Afirmación que, por suerte, casi nunca encuentra su puesto en su vida o en sus obras.

Profesor: los intelectuales de mi generación se han esforzado en buscar un equilibrio entre la política y la moral: la búsqueda de lo imposible.

Stefano: y que todavía los mantiene en esa búsqueda. Pero él seguro que no tiene problemas políticos y menos aún, morales. Por tanto, no está justificado su desprecio por una sociedad que le hace vivir como un señor aunque haya entrado en ella por la puerta de servicio.

Konrad: ¡Exacto, con una camisa vieja y una chaqueta que ni si quiera podía abrocharme porque crecí dentro de ella! La primera vez que entré en una casa de aquellas -maravillosa, por cierto-, y me metí en la cama del ama de la casa -que no era tan guapa como tú, pero que a mí me parecía estupenda-, tenía un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Era como el buscador de oro que ve por primera vez brillar la arena sobre el agua del arroyo. Era cuanto yo quería e hice lo imposible para quedarme. Mil métodos, de los cuales te avergüenzas tanto. Los aprendí allí, son los mismos que se emplean en tu mundo. Sólo los nombres son diferentes porque las apuestas son más altas. Son nombres altisonantes que tú pronuncias con gran respeto en vez de vomitarlos. Tú crees que andas entre caballeros. Ignoras que muy a menudo son criminales. Si te dijese, que tu marido se ha fugado porque los de su grupo estaban a punto de despachar a una docena de parlamentarios comunistas para dar un golpe de estado, te quedarías de una pieza.